Nov 16

Los días indicaban algo, su manera de pararse, como salía el sol a dar vueltas la ciudad o como el viento chocaba la cara de aquellos que caminaban. Descansaban los dioses por esos entonces, dejándome a mi deliberación que hacer con mi suerte.

Todo se mostraba en calma, mis pasos no eran arrebatados como los de ayer y todo se mantenía distendido, el aroma del café en la mañana y esa sensación de salir a buscar historias cuando no las hay, generaban un no se que, a veces bien, otras no tanto.

Todo viajaba bajo mi dirección por esos días, vientos de cambio lo llaman algunos vientos que llegaban y otros aun más espesos se iban y con ello algo traían.

Aproveche ese momento, colgando al hombro un slogan optimista salí por las calles y la suerte –la mía- o la falta de ella me hicieron ver una joven y con todos mis ojos la vi.

En muchas historias que escuche la mayoria habla de caminos, sin embargo pocos cuentan acerca de los portales y su infinidad de formas, donde uno puede encontrarse en distintos tiempos al mismo tiempo en muy poco tiempo.Tanto o tan poco tiempo en los que uno se pierde y quizá por esa perdida muchos no hablan sobre ellos.

Inmediatamente vi una puerta, como todo ser curioso, entre. Pasaba el tiempo por delante mío mientras pasaba por diferentes calles, diferentes épocas.

Miraba a esa joven inmóvil como una dama antigua, todos los soles se pasaban frente a ella, le cambiaban los ojos, el color de pelo incluso su voz y esos días, los días que el portal abría pasaba  yo a  conocerla, entro lo arriesgado y lo tentador.

Su forma al hablar, pausa, risas, pausa. Ella sentada en un banco esperaba mis historias, yo como un libro abierto buscaba lectores y quizás algo más.

Cada vez que callaba yo buscaba su boca para callar su silencio, al clima que rondaba por las calles resolviendo dilemas pasados, presentes y futuros.

Ella solo esperaba, y de seguro ahora también lo haría, con sus manos frias, con su ferviente inseguridad.

Entre relatos de mis problemas, mezclados con historias de un tiempo que no era aquel, advertí como era  que yo me presentaba en una ciudad que parecía la mía pero no era nuestra, quizá los dioses entre tanto descanso dejaron abierto alguna puerta mezclando nuestros tiempos.

Ojala lo entienda pensé, solo su mirada de querer entender o de no querer hacerlo presentaba sus reclamos. Mi sonrisa multiplico la suya de manera exponencial, haciéndola un sol en su boca y yo cada vez mas me volvía noche.Y fue una noche en la que ella pregunto que lugar ocupaba el pasado en mi vida. Y como decirle que el pasado era presente todavía?.

Así que fue allí donde culmino el relato y  mis días de viajero en el tiempo, sin ánimos de crear problemas y que nadie salga herido, cerré el portal, despertando a los dioses, que me devolvieron a su camino.

Quizá en otra época nos volvamos a ver, gracias por querer quererme, perdón por tan poco.

  • Agosto 2011