Un poco de historia
En medio de un mundo convulsionado, nací yo, a los 20 días del mes de diciembre en la calida zona sur de la ciudad de Rosario, la cual me acuno y lo sigue haciendo hasta estos días.
Pase mi niñez entre travesuras que solo la calle enseña, jugando al futbol siendo el 9 goleador de aquel equipo barrial que se lucia por las tardes en el campito situado a la vuelta de casa.
Fui abanderado, de la bandera Argentina, de la de Santa Fe, primer escolta, segunda también, me cague y me mee encima, me golpee, me pelie, tuve las mejores notas, firme el libro negro de la mala conducta, pero aun así la escuela siempre me pareció aburrida.
En cambio por las calles del arrabal todo era más simple y divertido, juegos en los que elegías un color y chapabas con una chica, que te toquen timbre a las 12 de la noche para jugar a la botellita, hacer cigarrillos de yerba mate y después conocer el placentero sabor del tabaco. Ganar a los 11 años el galardón de ser el primer chico del barrio en dar un beso de lengua, el más ingenioso para las escondidas y un completo fracasado para hacer fatalitys en el Mortal Kombat o cazar ranas.
Los pequeños retazos vagos de mis visitas al pueblo, la cara de mi abuelo, el andar a caballo, la chicharra, los cascarudos, el Bobby Croto, la súper pirotecnia de los turcos, el tomar Anana Fizz a escondidas, “hasta siempre comandante” en la versión borracha de mi viejo y mi primo, el ver a mi tía poniendo los regalos bajo el árbol navideño, la plaza central, las sonrisas a montones, la familia.
Mientras iba creciendo, en un estilo “como se puede” digamos, conocí nuevas músicas, nuevos sentimientos, el flagelo de la vagancia, el llevarme materias, el quedarme de año, la fiesta, el alcohol, la extrema pasión por el futbol, los primeros fiascos en el amor, las dudas, el acne, la excitación juvenil.
El pensar en el amor, en creer en el amor, Dios es amor, Dios! que lindo es hacer el amor, el luchar por amor, el vivir por amor.
Un poco de historia eso es lo que soy.